Palacio de Abbasid, en Bagdad. (Copyright Atlas Travel & Tourist Agency)Seis años después de la invasión por parte de las tropas estadounidenses, Iraq ha dejado de ser una ciudad asolada por la guerra para comenzar a renacer de entre sus escombros y presentarse nuevamente al mundo como destino turístico; tal como trataba de hacer antes del conflicto.

Aunque la seguridad parece estar garantizada, como demuestra la llegada del primer grupo de turistas occidentales al país tras la invasión, el tipo de viajero que se decide a visitar esta zona del planeta no puede ser otro que el amante de la aventura y las emociones fuertes. No en vano, el viaje organizado —el primero que cuenta con el permiso oficial del Gobierno iraquí— ha sido puesto en marcha por una agencia británica especializada en turismo de aventuras. Parece evidente.

Antigüedades del Museo de Iraq. (Copyright Atlas Travel & Tourist Agency)Lejos de reparar en las cicatrices que las bombas dejaron en el país tras su paso, los viajeros tienen ahora la posibilidad de contemplar el otro Iraq; un país ubicado en la zona que fue cuna de civilizaciones, entre los ríos Tigris y Eufrates, hace más de 3.000 años. Recuerdos de aquella época son los monumentos arqueológicos de Erbil (capital del Kurdistán iraquí, en el norte), los antiguos vestigios de Babel, los santuarios chiíes de nayaf y Kerbala y el Museo Nacional de Iraq, entre otros muchos lugares.

Sin duda, esta apertura turística parece ser el inicio de la recuperación económica y social de una ciudad, Bagdad, y de un país, Iraq, más conocidos por el sonido y las luces de los bombardeos que por su gente, su paisaje, su bullicio nocturno y su cultura ancestral. ¿Acaso no es ésta una gran oportunidad para conocer de cerca la zona que vio nacer al crisol de culturas que hoy componen la humanidad?